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Comienza el duopolio olímpico entre EE.UU. y la URSS

Helsinki 1952: La Guerra Fría llega al olimpismo

Escrito por Joaquín Anduro

Domingo, 24 Julio 2016 18:36
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Emil Zatopek, ganador del oro en 5.000, 10.000 y maratón.

Los Juegos Olímpicos regresaron a Helsinki en 1952 cumpliendo una deuda histórica después de que la II Guerra Mundial cancelase los que se iba a celebrar allí en 1940.

La capital finlandesa ganó la votación para organizar los Juegos de la XV Olimpiada al superar a Ámsterdam y cinco ciudades estadounidenses: Los Ángeles, Mineápolis, Detroit, Chicago y Filadelfia.

La posguerra mundial ya estaba superada y los países derrotados, Alemania y Japón, volvían a la competición 16 años después. Los germanos consiguieron 24 medallas, aunque curiosamente ninguna de ellas fue de oro.  También debutaba la Unión Soviética. Stalin decidió que los Juegos serían una forma de abrir al mundo los valores de los comunistas.

Además hubo polémica por los debuts de dos naciones asiáticas. Israel, después de proclamar su independencia no reconocida por sus vecinos en Oriente Próximo, participó en Helsinki, así como la China Popular. La China Nacionalista, en la isla de Taiwan, abandonó la competición dos días antes del inicio por la presencia de la ‘otra’ China.

En Helsinki, en la época más dura de la ‘Guerra Fría’, estadounidenses y soviéticos comenzaron una rivalidad que duraría hasta la disolución soviética en 1991.  Sólo 5 medallas separaron a un país de otro. 76 de Estados Unidos por 71 de la URSS, aunque en oros dominaron los americanos (40 a 22).

La 'locomotora humana' arrasa

En el plano individual, hubo un deportista llegado desde el bloque del Este que destacó por encima de todos los demás. Emil Zátopek consiguió tres históricos oros en las grandes pruebas del atletismo de fondo. El checoslovaco se alzó ganador en 5.000, 10.000 y la maratón. La esposa de la ‘Locomotora humana’, Dana Zátopková, también consiguió una medalla de oro, en lanzamiento de jabalina.

El teniente del ejército checoslovaco se ganó la admiración mundial con su triplete, unido a una forma característica de correr que le haría muy popular entre los presentes al Estadio Olímpico de Helsinki. Sin embargo, no fue igual esa popularidad entre los dirigentes de su país, ya que fue degradado al apoyar las reformas promovidas en la Primavera de Praga en 1968.

En atletismo se consiguieron numerosos récords del mundo. La marca lograda en Helsinki no se superó hasta 56 años después, cuando se batió la marca en los Juegos de Pekín 2008.

Los países del Bloque del Este comenzaron a demostrar su superioridad en los deportes de equipo, ayudados al no ser considerados sus deportistas como profesionales. Sucedió en fútbol, cuando los ‘Magiares mágicos’ impusieron su ley para darle a Hungría su primer oro en la disciplina, ganando 2-0 a Yugoslavia en la final.

Desde 1948, los Puskas, Czibor, Kocsis o Hidegkuti no habían perdido un partido, contando además con uno de los ‘partidos del siglo’ en la goleada 3-6 a Inglaterra en Wembley. Esa racha duraría hasta la final del Mundial de 1954, cuando Alemania les remontó en la final para evitar el que hubiera sido el único título húngaro.

Los soviéticos estaban totalmente aislados en Helsinki, situados en una villa olímpica alejada del resto de deportistas, con sus propias medidas de seguridad y rodeadas de una valla con alambre de espino. Ni siquiera podían hablar con los demás deportistas. Esta ‘ley del silencio’ finalizó cuando el sacerdote Bob Richards, oro en salto con pértiga, felicitó a sus rivales soviéticos.

En muchas pruebas se hizo patente la competencia entre Estados Unidos y la Unión Soviética, como en la primera final de baloncesto olímpico entre ambos países. Aunque si la final entre las dos superpotencias fue tensa, más aún el partido por el tercer puesto, en el que Argentina finalizó con cuatro jugadores y Uruguay con tres. Los charrúas se acabarían llevando el bronce.

Los soviéticos subieron el nivel en disciplinas de fuerza que dominaron como la gimnasia, la halterofilia o la lucha. Ahí llegaron la mayoría de sus medallas. Los gimnastas Viktor Chukarin y Maria Gorokhovskaya destacaron con seis medallas (4 oros y 2 platas) y siete (2 oros y 5 platas), respectivamente.

Una plata para España

La representación española se redujo a 29 deportistas, todos ellos hombres, con el waterpolo, la hípica y el remo como los deportes con más presencias. Sin embargo, la única medalla llegó en tiro, con la plata conseguida por el policía Ángel León Gozalo en pistola a 50 metros.

En Finlandia se produjo el debut olímpico del gimnasta Joaquín Blume, uno de los grandes héroes españoles en el deporte de la posguerra. Su prometedora carrera finalizó trágicamente unos años más tarde al morir en un accidente de aviación.

Unos Juegos que duraron del 19 de julio al 3 de agosto, y que se inauguraron con una ceremonia muy especial para todos los finlandeses allí presentes.

La organización no había querido dar pistas sobre cómo iba a transcurrir la apertura de los Juegos, y por eso la sorpresa fue aún mayor al ver a uno de los mejores atletas de todos los tiempos, Paavo Nurmi, introducir la antorcha en el estadio en los primeros Juegos celebrados en su país, que sirvieron para que Finlandia fuera conocida en todo el mundo.

Su testigo lo recogió otro héroe nacional, Hannes Kolehmainen, para encender un pebetero situado en una torre a, exactamente, 72’71 metros de altura. Esa distancia homenajeaba la marca lograda por otro finés Matti Jarvinen, para lograr el oro en lanzamiento de jabalina en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1932.

Una ceremonia para inaugurar unos Juegos cada vez más asentados, y ya sin países excluidos (excepto la República Democrática Alemana). Poco a poco, los nuevos países surgidos alrededor del mundo irían apuntándose a una cita que tendría su siguiente parada en la otra parte del mundo, en Melbourne.

Ángel León, medallista español

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