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PYEONGCHANG 2018 (Crónica)

Rusia, un país sin bandera tras dos oros y dos casos de dopaje


Lunes, 26 Febrero 2018 13:12

Ignacio Ortega

Moscú, 26 feb .- Rusia sigue sin bandera. El Comité Olímpico Internacional (COI) le había prometido que podría desfilar con la tricolor en la ceremonia de clausura de los Juegos de PyeongChang, pero los dos casos de dopaje le aguaron la fiesta de despedida.

"La bandera nos la devolverán. La victoria no nos la quitarán", titula hoy el diario "Sport-Express" con la foto del equipo de hockey, que logró el primer oro de su historia como Federación Rusa desde que lograra el último en 1992 como Comunidad de Estados Independientes (CEI).

El caso de dopaje del integrante del equipo de dobles mixtos de curling, Alexandr Krushelnitskii, fue un aviso, pero el de Nadezhda Serguéyeva, la representante rusa en bobsleigh, puso el último clavo en la tumba de las esperanzas rusas.

Y es que de los cuatro casos de dopaje registrados en PyeongChang, dos fueron rusos, lo que daba munición a los que consideran que las acusaciones de dopaje de Estado están más que justificadas.

La pesadilla comenzó cuando Krushelnitskii, cuya compañera de equipo es su esposa, que fue declarada la deportista más guapa de los Juegos, dio positivo por meldonium en la primera semana de competición.

De nuevo el maldito meldonium, el fármaco cardiovascular que se puede comprar sin receta en cualquier farmacia, que le costó más de un año de sanción a María Sharápova y que está prohibido desde principios de 2016.

A la vista de los antecedentes, el deportista ruso admitió haber violado las normas antidopaje, devolvió la medalla y tuvo que abandonar PyeongChang, la mayor humillación posible para un atleta olímpico.

Eso sí, la delegación rusa aseguró que, si Krushelnitskii cometió un error, fue un caso puntual, y abrió una investigación para estudiar el caso, sin descartar una posible manipulación por parte de un enemigo del equipo o un compañero celoso.

El caso de Serguéyeva fue aún más sangrante, ya que ocurrió dos antes de la clausura y con una deportista que había mostrado en las redes sociales una camiseta en la que aseguraba estar a favor del deporte limpio.

La federación nacional admitió que la prueba tomada el 18 de febrero reveló la presencia de "un medicamento para el corazón que se encuentra en la lista de sustancias prohibidas", aunque cinco días antes dio negativo en otro análisis similar.

El presidente del COI, Thomas Bach, admitió que esos dos casos habían sido decisivos a la hora de cambiar de opinión con respecto a la restitución de todos los derechos del Comité Olímpico Ruso, aunque aseguró que éste podría recuperar su bandera pronto, si no hay nuevas sorpresas.

De hecho, adelantó que la sanción se levantará automáticamente "cuando no haya más casos de dopaje" y destacó, con respecto a los dos deportistas rusos, que el COI no tiene motivos para pensar que "hubiera violaciones sistemáticas o alguna clase de injerencia" del equipo ruso.

"Ya hemos adoptado suficientes sanciones contra Rusia", dijo cuando un periodista le preguntó si Rusia podría volver a competir como neutral en los Juegos de Invierno de Pekín 2022.

La nota más positiva para Rusia fue el oro en hockey, deporte nacional para muchos aún en este país, que no había subido a lo más alto del pedestal desde 1992, cuando en tiempos soviéticos "la máquina roja" dominó este deporte durante décadas.

No fue fácil. Y es que los alemanes, el equipo revelación del torneo, remontaron y ganaban por 2-3 a falta de menos de un minuto para el final del tiempo reglamentario.

Por suerte para los rusos, estos lograron empatar en el último suspiro, pese a estar en inferioridad y ya en la prórroga el joven Kiril Kaprízov se vistió de héroe para marcar el gol de oro, con lo que Rusia empató con Canadá a nueve oros olímpicos.

Aunque estaba terminantemente prohibido, los rusos no se pudieron resistir y entonaron el himno ruso en la ceremonia de entrega de medallas, pero el COI ya informó de que no lo tendrá en cuenta.

La otra gran noticia para los rusos fue la exhibición de sus patinadoras, Zaguítova y Medvédeva, que se disputaron el oro en una de las finales más apasionantes de todos los tiempos.

Con sólo 15 años, la zarina Zaguítova demostró que ha llegado a la pista de hielo para quedarse, aunque Medvédeva, que dominó el patinaje artístico durante dos años, aún no ha dicho su última palabra y ya ha adelantado que luchará por recuperar la corona en Pekín.

En total, pese a las exclusiones de varios de sus principales espadas, los rusos lograron 17 medallas -dos de oro, seis de plata y nueve de bronce-, dos más que en Vancouver 2010, cuando el equipo eslavo fracasó estrepitosamente.

Ahora, la gran intriga es saber cuándo Rusia dejará de ser un paria deportivo para recuperar el lugar que le corresponde como una de las mayores potencias deportivas del planeta.

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